La obra del estudio es probablemente una de las más coherentes y fundamentadas del panorama arquitectónico nacional. Alejada del ruido mediático que tanto nos aturde a los profesionales de hoy en día, se trata de un trabajo pegado a la tierra, enraizado y atento a las demandas de sus clientes.

Nos muestran en sus proyectos manchegos la lección aprendida de tres grandes maestros. De Barragán sus volúmenes, sus planos texturados y coloreados y el sabio dominio de la luz y el soleamiento, tan necesario en tierras extremas. De Aalto su capacidad para la combinación de materiales, su comprensión del trabajo artesanal y sobre todo, la forma de ligar los espacios exteriores en su secuencia de acercamiento al edificio. De Tadao Ando su manejo del hormigón y esa tendencia, a veces también mediterránea, de volcar los espacios hacia el interior, hacia la intimidad del hogar.

Hormigón, piedra, cristal, acero corten, celosías, tamices, cortinajes, llenos y vacios… y sobre todo geometría, una geometría que logra resolver de un plumazo, con un gesto rotundo, la mayoría de los problemas