Este tipo de arquitectura es una ruptura con toda la arquitectura anterior ya que los conceptos en los que se apoyaba la arquitectura clásica, sufrieron una vuelta de tuerca al  seguir las ideas del funcionalismo.

Frete a la utilidad, la belleza y la solidez se establece la forma como definición de la función. Es decir que todo se deriva a partir de la funcionalidad incluso la estética.

En este tipo de arquitectura sobre todo lo que no responda a esta máxima, por esa razón toda la parte de adornos o  cualquier otro elemento arquitectónico sobra dentro del funcionalismo.

De entre los autores más destacados de este movimiento podemos nombrar a Le Corbousier o Mis Van der Rohe, autores con diferentes obras funcionalistas sobre todo en las zonas de Países Bajos, Alemania o Checoslovaquia por ejemplo, en los que se puede ver el rigor por  la simplicidad y el gusto por el detalle.

Esta rigurosidad en la forma de concebir la arquitectura fue evolucionando durante la primera mitad del siglo XX más concretamente en los años 30 en donde se valoraba un acercamiento hacia la estética.

De entre las características principales podemos destacar que la forma siempre está supeditada a la función así como el predominio de las formas ortogonales. La fachada principal va perdiendo peso frente a otros elementos arquitectónicos que definen este estilo.

Un ejemplo clásico de edificio funcionalista son los rascacielos, ya que en ellos podemos decir que la función es el principal motor de la obra arquitectónica.

Este ejemplo de arquitectura nos muestra como la evolución sufrida en el campo de la arquitectura nos lleva a la obtención de nuevos resultados que anteriormente no fueron pensados pero que en otras circunstancias tienen un tiempo y un espacio adecuados para su desarrollo