La arquitectura moderna comienza a finales del siglo XIX  y principios del XX. Es un tipo de arquitectura que engloba una gran cantidad de estilos, pero que se define perfectamente frente a la arquitectura modernista.

Fue durante la última época del SXX cuando este movimiento empezó realmente a adquirir peso y cuestionarse antiguos paradigmas los cuales durante los últimos momentos del sXX se produjeron los movimientos como el postmodernismo o el decosntructivismo.

La arquitectura moderna tiene su impulso desde las propuestas de las técnicas y de las ingenierías. Se puede decir que la arquitectura moderna estaba vigente hasta la segunda mitad del SXX fue durante 1960 cuando empieza a dar sus coletazos

No obstante la huella que deja este movimiento arquitectónico dentro de la arquitectura es persistente. Desde los destacados autores como Frank Ghery, Norman Foster o el inconfundible Antoni Gaudí nos dejan las huellas de este movimiento en las construcciones que realizaron a lo largo de su vida, como por ejemplo la Sagrada Familia o el parque Güell.

La arquitectura moderna utiliza los nuevos materiales y aprovecha sus posibilidades. El cemento, el hierro y el vidrio  para la construcción de estructuras mucho más elevadas al mismo tiempo que consistentes. Esta línea de construcción facilitó lo que se paso a llamar la función social de la arquitectura, dando lugar a lo que más tarde se llamaría urbanismo.

Otra de las características de la arquitectura moderna se refiere a las formas simples sin recargar mucho las construcciones con demasiados ornamentos. Se deja atrás la idea de estética canónica hasta remplazarla por los nuevos ismos, como pueden ser el cubismo, expresionismo o el futurismo, donde lo que prima son las formas asimétricas con materiales más modernos.

Estos son solo algunos de los puntos más importantes de este movimiento arquitectónico, pero es  a través de ellos como podemos darnos cuentas de nuestra herencia en el campo de la arquitectura.