En el año 1998, los arquitectos César Pelli proyectaron los que serían los edificios más emblemáticos de Malasia y seguramente del mundo.

Desde su construcción hasta 2004 fueron el edificio más alto del planeta, así como un icono arquitectónico y cultural.

Durante su construcción, se puso especial interés en incorporar detalles relativos a la cultura islámica, la dominante en Malasia, son un homenaje y una reflexión.

Kuala Lumpur, ha quedado fijada dentro del mundo arquitectónico pues, además de los aspectos que comentábamos anteriormente, evocan la riqueza del País.

Un símbolo importante de esa cultura es utilizado como huella de ambas torres, creando una estética más elegante y partícipe en muchisímos motivos islámicos.

Con 452 metros de altura y a diferencia de otros diseños en los que los edificios “gemelos” no tienen ningún nexo o punto de unión, aquí se decidió montar una pasalera entre ambas torres entre los pisos 41 y 42.

Este puente, ofrece a los visitantes un punto elevado desde el que contemplar la cuidad y además ofrece una vía de escape opcional en caso de tener que evacuar cualquiera de los edificios. Un dato curioso es, que el puente, no está unido físicamente a las torres y por tanto cuando hay viento intenso u otras condiciones climáticas adversas se mueve libremente.

Los cimientos de este tipo de rascacielos suelen ser bastante profundos pero, en el caso que nos ocupa, podemos afirmar, que son exagerados, pues tienen 120 metros de profundidad y descansan sobre un bosque de zapatas de hormigón armado.

Las torres Petronas, han dejado de ser, hace tiempo, el edificio más alto del mundo pero permanecen como referente en el diseño inicial de los super-rascacielos.