El premio Pritzker de arquitectura no fue para ningún estudio radicado en Nueva York, Londres o Tokio.

El ganador de la 39.ª edición o, mejor, los tres ganadores viven y trabajan en Olot, una pequeña población de 34.000 habitantes, una hora y media al norte de Barcelona. Olot se encuentra en medio del parque natural de La Garrotxa, una zona boscosa que, por estas rarezas de la geología, también cuenta con varios volcanes activos.

En este pueblo, el premiado estudio RCR trabaja y crea en una antigua fundición que ha sido reconvertida en un amplio loft de cristal, rodeado de un amplio jardín que recuerda a los bosques cercanos. Ellos han elegido Olot por un motivo sencillo: Carme Pigem y Rafael Aranda nacieron allí, mientras que el tercer socio, Ramon Vilalta (marido de Carme), nació en Vic, ciudad a mitad de camino hacia la capital catalana.

Para evidenciar su buena sintonía, lo bautizaron con las iniciales de sus nombres de pila: RCR. “Elegir Olot no ha sido nada forzado. Este es el pueblo donde nacimos y aquí volvimos tras acabar los estudios. Ha sido como volver a casa”, dice Pigem.

Además, afincarse en este pueblo ha servido para enfocarse en el trabajo y aislarse de las competencias profesionales que pueden darse en las grandes ciudades. “El entorno de La Garrotxa nos ha facilitado mucho las cosas”, añade.